9 de marzo de 2016

Cuchillo Esqueleto.

Hola, bueno como había escrito antes voy a empezar a actualizar esto más periodicamente aunque sea solo de exposición y de con cosas no medievales, ah pero antes veamos la frenética brutalidad ciega de los hijos de Godo:


Hace un tiempo un cliente me pidió que le hiciera un cuchillo especial, propuso que yo le hiciera mi versión de un cuchillo industrial, concretamente del modelo "Izula" de la marca Esee:


Es un cuchillo robusto y pequeñito de una simpleza enorme, con una hoja de uso generalista con el mango esquelético todo hecho de una sola pieza de acero , la forma del mango permite que el usuario lo acondicione enrollando cuerda para hacerlo más cómodo y entretenerse un rato aprendiendo nuevos nuditos o lo use así simplemente, además por su reducido tamaño, peso y delgadez al carecer de cachas cabe en todos lados, teóricamente.

Normalmente yo no hubiera aceptado hacer algo así pero me pareció interesante, y diciendo que no lo copiaría sino que únicamente lo usaría como inspiración y que quería libertad total empecé a trabajar con la idea de complicar un poco un producto tan espartano, por que si algo saben de mi los que me conocen es que soy bueno para complicar las cosas.

No documenté el proceso de forjado pero decidí hacerlo laminando aceros, armé un paquetito con centro de acero 5160 de muelle de automóvil, dos capas de hierro y dos capas exteriores de acero 1070 de disco de arado (si, ya puedo hacer soldadura por caldeo con cierta holgura gracias al poder de mi fuelle japonés). 
Inicialmente pensé en formar una lámina de grosor uniforme y luego simplemente recortar la forma del mango cortando un agujero con cincel en caliente y ajustándolo con forja y lima, después pensándolo bien me pareció que no tenía sentido usar estos métodos artesanales para imitar una pieza seguramente obtenida mediante troquelado, así que una vez caldeado y aplanado el paquete, usando el cincel corté dos espigas que estiré y retorcí independientemente para luego doblarlas y unirlas con un remache y así poner de manifiesto el trabajo tradicional:


Finalmente luego de desbastar, de los tratamientos térmicos, de pulir y revelar en cloruro férrico quedó esto:


(le tocó su pre-estreno con unos cueros de vaca frescos que intentaré curtir, de eso hablaremos después)






Es una pieza con la que me divertí mucho y me gusta. Mi doctrina personal con respecto al campo, actividades al aire libre o ciertos trabajos es muy del siglo XIX; simplemente cargo con un cuchillo grandote para todo, pero este acercamiento a una idea más compacta me parece muy cómodo, tendría uno así para mí. Voy a extrañarlo.

Y eso es todo por esta vez, la vida se me está poniendo muy emocionante así que nos leemos pronto.


13 de febrero de 2016

Hocino de guerra………u ¿hocino a secas?

Como pasa el tiempo, para este año tenía el firme propósito de poner una entrada en el aniversario del Blog, el 4 de febrero pero la verdad lo olvidé por completo………

Continuemos con temas medievales.

Como me ha sucedido tantas veces, hace poco me topé en internet con esta curiosa ilustración medieval.


Procede del “Les Coutumes de Toulouse” de Francia, datado hacia la última década del S.XIII. En ella pueden verse tres caballeros armados hasta los dientes preparando lo que promete ser un sabroso guiso, pero el detalle que nos ocupa es el arma que sostiene el caballero del centro:


Da miedo, ¿verdad?.  Pues tenemos allí un curioso instrumento de muerte, no tengo idea de si se trataría de una adaptación de una herramienta agrícola o de un arma fabricada expresamente, en cuyo caso obviamente estaría inspirada por una herramienta. Recordemos que entre las milicias medievales lo que más brillaba por su ausencia eran las armas de calidad y los plebeyos que las componían tenían que echar mano de las más simples como lanzas, hachas, porras, cuchillos….. e incluso de herramientas de trabajo cuando las cosas estaban realmente mal y un señor no podía armar decentemente de a su gente o esta tenía que defenderse sola, y en muchos casos fueron estas armas improvisadas las que sentaron las bases para el desarrollo de armas especializadas como los martillos de guerra, las bisarmas, gujas, manguales y un largo etc.


Sabemos sobre el uso militar del hocino (pronunciado "jocino"), rozadera o rozón, podón, cazanga, tajamata, calabozo, coa, tranchete (hay demasiados nombres dependiendo del lugar e incluso en un solo sitio las fronteras entre tipolgías son muy confusas), recomiendo ampliamente la entrada del Amo del Castillo sobre este tema.  Lo curioso de la ilustración de“Les Coutumes de Toulouse” es que muestra, en un contexto militar el uso de lo que sería la cabeza de una rozadera u hocino en un mango de muy corta longitud sostenida por un hombre de armas, cuando lo más normal sería verlas en manos de plebeyos con astas largas para tener alguna garantía al enfrentar caballería. 

Estas herramientas -básicamente la misma cabeza- se ven con mangos de otras longitudes para ciertos trabajos, algunos son muy pequeños e incluso inexistentes tomándose en estos casos  la herramienta simplemente por el cubo de enmangue  lo que permite usarla como si fuera una hoz. Este mango de longitud intermedia sería en un ambiente agrícola como para cortar ramas a poca altura o para desbrozar y habría permitido, en combate blandirlo a una o quizá dos manos.
Aunque en este caso podría no haber nacido como herramienta y ser “de segunda generación”, se entrevé alguna decoración en el mango lo que da en pensar que podría ser un arma fabricada especialmente, y sobre todo, está en manos de un personaje con el mejor equipo del momento.
Estamos ante un arma de mano que habría sido excelente para dar tajos cual hacha, con el añadido de enganchar y desgarrar al infortunado enemigo, cosas que se me antojan muy útiles por ejemplo contra perpuntes e incluso creo que habría servido para desmallar una lóriga. Me recuerda mucho al famoso “falx” usado por los dacios  para hacer la diplomacia con los romanos, al menos en cuanto a concepto se refiere.

Sobre su construcción la iluminación no aporta demasiado, pero como se habrán dado cuenta mis avezados lectores, llevo toda esta entrada asumiendo que se trata de una cabeza de rozadera u hocino, que lógicamente habría de llevar cubo de enmangue, descartando así las posibilidades de por ejemplo cachas remachadas o de una espiga atravesando el mango, la teoría del cubo me parece la más lógica y sencilla suponiendo el origen agrícola.
Como me ha pasado tantas veces, archivé esta curiosidad con el anexo: “tengo que hacer uno de esos”, pero justo antes de darme la media vuelta y seguir pensando en mujeres y en que excusas explicaciones dar a mis accionistas decidí que el momento es ahora, es decir, fue ahora en aquel momento, bueno ustedes entienden. Comencé con esta materia prima:

 Es un muelle de poco más de 60cm que me regaló un buen amigo dándome gran felicidad, dice que estaba en su casa desde tiempos inmemoriales y no tiene idea de cuál sea su origen. Luce viejo y el acero se siente viejo; es decir, no es un aleado como los de los muelles actuales, es al carbono, algo parecido al 1045 o un poco más alto, más blando y menos eficiente que los muelles actuales de allí su geometría con cambios de grosor tan grandes, porque así se maximizaba la eficiencia, yo creo que es una pieza de alguna máquina porque uno de los extremos tiene un resalte como para encastrar en algo y el espesor no es simétrico como para pensar que perteneció a la suspensión de algún vehículo, supongo que es una refacción que nunca se instaló porque aunque es viejo se ve nuevo:  las marcas de laminado están como recién hechas a pesar del óxido, no tiene desgaste por ninguna parte y no se siente fatigado. En todo caso metalúrgicamente es un material perfecto para hacer la reproducción de un arma antigua.
Empecé cortando el muelle por el centro, justo en su máximo de grosor de 15mm, un espesor suficiente para forjar un cubo de enmangue muy rústico y abierto, normal en una herramienta básica,  pero se queda corto para hacer uno completamente cónico teniendo en cuanta el grosor aproximado del asta necesaria. Usaré la mitad más fina para este engendro y ya se me ocurrirá algo para aprovechar la otra.

A partir de este punto todo es forjar y cantar.




Al cerrar el cono en la parte superior tuve buen cuidado de dejarlo bien centrado con respecto a la hoja como si de una lanza se tratase, lo normal en las herramientas industriales actuales es que la hoja este desplazada hacia un lado del mango pues toda la pieza se corta de una lámina plana de acero y simplemente se dobla para forma el cubo de enmangue.


Empecé a afinar y estirar la punta:




Viendo la ilustración la punta del arma es demasiado ganchuda, incluso queda casi paralela al filo, creo que esto es un gesto dramático del ilustrador pues una punta con un ángulo tan cerrado sería impráctica tanto para trabajar como para combatir, sin mencionar que el resto de las armas presentes son por demás abstractas. 


Luego rebuscando un poco encontré otras ilustraciones del mismo tipo de arma y del mismo manuscrito donde se muestra la forma del gancho más realista.


Después de todo con un arma así una de las posibilidades más deseables sería la de poder hundirle la punta al enemigo en el cráneo con un golpe bien descargado si se presenta la ocasión, por eso la dejé más abierta aunque claro que suficientemente cerrada como para enganchar.



Finalmente empecé a bajar el filo y extender un poco la hoja:


En las ilustraciones se puede ver que los hocinos son prácticamente rectos, sin embargo esta delicada curvatura en forma de S es la forma que adquiere naturalmente una herramienta de este tipo al serle forjado el filo, y me parece que es algo representativo y bonito que decidí conservar. Sin contar la consabida abstracción omnipresente en las ilustraciones.


Luego de normalizar a desbastar un poco:


También aproveché para hacer los agujeros para un remache pasante que asegurará la hoja al cabo de madera.

Templé en agua y al acabar de revenir la sumergí en aceite para pavonarla, el resultado es una dureza propia de un acero con poco carbono, se puede considerar baja para lo que acostumbramos hoy, pero como mencioné antes está muy bien para reproducir un arma antigua.


Después de templar y revenir  desbasté en la parte curva con una piedra cónica para taladro a fin de dejar los biseles bien simétricos y el filo recto, así mismo rectifiqué las caras de la hoja y pulí con piedra de afilar barata, primero con el lado grueso y luego el fino, ambas operaciones lubricando con abundante agua.


El mango lo hice con un pedazo de cabo para azadón comprado en la ferretería como los que uso siempre, madera de encino excelente. Tallé la madera para hacerla entrar a presión en el tubo de enmangue y la aseguré con un remache pasante hecho con un clavo bien gordo. Algo que me parece relevante a la hora de meter remaches pasantes asegurando piezas metálicas y madera es hacer el agujero en la madera con una broca más delgada que el clavo y que que este tenga la medida exacta de los agujeros en el metal, así metemos el clavo clavándolo -valga la redundancia- minimizando el riesgo de rajar la madera y quedando apretadisímo en la misma. Entonces solo resta cortarlo dejando un sobrante y remacharlo. Este es un punto importante tomando en cuenta que el cubo quedó abierto, pero ya con el remache la solidez alcanzada me convence plenamente. 


Usando la escofina (ustedes sean gente civilizada y compren o hagan un mango para sus escofinas) rebajé el mango que viene de fábrica con sección redonda volviéndola oval, además de dejar al final un ensanchamiento a modo de pomo o tope para que la mano no se escurra aprovechando la forma del mango que ya es ancho de un extremo para trabar la hoja del azadón, también le hice un agujero al final para poder colocar un fiador.


Copiando el diseño visible en “Les Coutumes de Toulouse”  pirograbé el cabo. Simplemente dibujé el patrón con un lápiz y quemé con un clavo al rojo, los círculos los hice del mismo modo estampando un tubo de hierro. Es algo realmente simple pero la verdad me gustó y creo que aporta mucho al aspecto final.



Y después de aceitar bien el mango y de algunos detalles menores queda terminado. 

Da miedo, mucho miedo.

Tiene peso y  contundencia más que suficientes para llevarse limpiamente un brazo o abrir un cráneo como una calabaza madura. Mide 83cm en total, solo la cabeza pesa 740g y completo pesa 1.080kg. No le envidia nada a un hacha de dimensiones similares, pero lo verdaderamente escalofriante es la capacidad de clavada/corte/enganche de la punta.






Aunque puede que se haya probado la idea de este tipo de armas en mangos cortos para blandirse como si se tratara de por ejemplo un hacha, parece que la idea no prosperó, al menos no como ocurrió con la variante de asta larga que tuvo su propia, larga y exitosa evolución. Caso curioso es el de nuestro manuscrito donde se representa el arma con mucha frecuencia porque que en todos los demás que he hurgado ya posteriores, siempre aparecen hojas similares o de tipos más avanzados y en astas largas, o si son cortas -aunque nunca tanto como en este caso- se trata de tipologías más evolucionadas con petos o putas, no como algo sacado del cobertizo a toda prisa.


Quizá como arma de mano podían tener efectividad ante gruesos perpuntes y/o lórigas, y ni hablemos de su utilidad contra gente peor protegida, es aterrador solo pensarlo. Pero probablemente la espantosa  cualidad de enganche era realmente buena solo en astas largas; al combatir a corta distancia no sería conveniente ver el arma propia atascada en el equipo o el mismo cuerpo del enemigo aunque lo hubiésemos abierto en canal, por lo que no habría aportado nada mejor de lo que ya entregaba un hacha o un chafaronte. 
Aunque no haya hecho carrera militar en este nicho sí que conquistó el de las armas de asta larga, y eso no quita que el hocino haya sido una herramienta muy útil, extendida y que cuando alguien necesitaba imperiosamente un arma y no tenía otra cosa, el hocino le habría prestado buen servicio comenzando por su evidente poder intimidatorio.



Ahora que lo veo bien me doy cuenta de que la cosa que forjé no difiere en nada de una herramienta: cuando se la mostré a mi padre me felicitó por el buen trabajo y añadió: “Hasta que haces algo útil, préstamela porque en la parcela hay unos arbolillos que están creciendo muy feos y quiero darles una poda”, un vulgar podón, pues.

No deja de ser un arma curiosa e intimidante, solo imagínese una de esas meneándose cortando el aire a unos centímetros de sus rostros o dándoles un amigable tironcillo de la corva izquierda. 


Y ya, tengo que volver a los trabajos que me pagan el pan. nos leemos pronto.


5 de enero de 2016

Godo.


Haré una pausa después de mi sopa instantánea sabor a pollo, es poca y mala cosa pero con el hambre y el frío que hace me cayó de lujo. Tengo muy descuidado el blog.


Godo, la mascota oficial de EL INTENTO DE ARMERIA murió hace un tiempo, no recuerdo exactamente cuanto, poco tiempo. Tuve  varios perros antes, desde un boxer a uno que era algo así como un ovejero, pero nunca había tenido un perro como Godo, era un cabrón. Era inteligente que daba miedo y con una personalidad única, cuando entraba en un lugar ocupaba todo el espacio aunque era muy pequeño, iba por allí haciendo lo que le daba la gana y era abiertamente antipático y muy histriónico, pero de alguna manera le caía bien a todos y era muy respetuoso y cauto, en realidad estaba permanentemente adelantado y tanteando que se podía y que no se podía hacer. Solo me obedecía y seguía a mi, a los demás los mandaba bien lejos, por eso los primeros días sentía algo raro, como si me faltara un miembro.

Como fue un cabrón hasta el ultimo momento se las arreglo para sacarle el dedo medio a la muerte; verán: Godo fue casado, su mujer (ahora viuda) se llama Muñeca, con ella engendró algunos hijos hace tiempo (a parte de muchos bastardos con otras perritas). Para controlar su natalidad los separábamos cada vez que ella estaba en celo y todo iba bien. Hasta que Godo cayó enfermo de neumonía, ya estando tendido en su lecho, delgado y entre olor a medicinas creímos ver que Muñeca estaba entrando en celo, pero nadie le puso mucha atención por obvias razones, además con lo desganado del enfermo que ya ni comer podía era lógico pensar que no tenía humores para nada, así que este apartado se desatendió completamente. Luego de una semana de cama y tratamientos, se murió. Tras los funerales y el luto transcurrieron unas semanas y.....

-Parece que a Muñeca le están creciendo las chiches......

-Y se ve un poco más gorda también.

-Ha de estar engordando, es que le das demasiada comida.

-O que tal si.....

-No, no es posible.....¿o sì?....


Y hasta se podría decir que renació, este es igualito a él:


.
.
.
.

.
.
.
.

En otras noticias sigo trabajando y he pasado por muchas cosas muy locas últimamente- He hecho muchos trabajos pero son cosas que no van con la temática de este blog o cosas que ya expuse aquí antes, o porque la verdad son muy genéricas que me han pedido y no las considero relevantes o quien sabe, tal vez no me enorgullecen mucho. En estos momentos estoy subiendo algunas de esas cosas (no todas porque he perdido el saludable habito de estar tomando fotos siempre), a la página de Facebook de EL INTENTO DE ARMERIA, cuyo banner se puede encontrar aquí arriba a la derecha. Es un medio bastante raro e incomodo todavía para mi en estos temas, sobre todo no puedo evitar sentir que lo que está en un pedestal y se vuelve cuasi atemporal aquí en el blog se banaliza demasiado en Facebook,  pero la verdad me ha servido mucho para establecer contacto directo con clientes,  todo tipo de entusiastas de estos temas y que se me vaya conociendo, y como no, para traer muchas nuevas visitas al blog. Hasta hace poco pensaba en hacerles una invitación formal a ustedes, bienqueridos lectores blogeros, a pasar por allí a ver las cosas que hago, pero ya no lo haré, no creo que valga la pena; antes Facebook permitía visualizar cómodamente todos los contenidos públicos de una página sin tener una cuenta o con esta cerrada. Incluso le estaba tomando gusto porque es muy fácil hacer álbumes de muchas fotos y compartir a detalle procesos que aquí ocuparían demasiado espacio. Pero hace poco que cuando uno entra sin cuenta aparece un maldito aviso semi-transparente ocupando gran parte de la pantalla, es algo así como tenerle al usuario una pistola metida en la boca obligandole abrir su cuenta o a crear una, es algo por demás chocante, un estorbo que nadie necesita. Por eso creo que lo más saludable es revitalizar el blog poniendo entradas aunque sean solo de exposición y aunque sean de cosas no medievales, que a final de cuenta ocupan gran parte de mi tiempo, y dejar la página de Facebook para aquellos que ya lo usan por defecto y se desenvuelvan cómodamente en dicho medio.

Ya, prometo actualizar esto a la brevedad.

21 de septiembre de 2015

Silla de ruedas para perro.


                      

Hola, sigo vivo y trabajando.  
Algo que me gusta de tener un trabajo tan raro en un pueblo pequeño es que la gente sabe que hago cosas con metal y que soy el hijo que les salió raro a los pobres de mis padres, pero nadie sabe exactamente a qué carajo me dedico (comenzando por mi) y sumado a que me pasa como a Vermeer con sus pinturas, no tengo prácticamente nada terminado que mostrar a mis visitantes pues todo suelo enviarlo por paquetería de inmediato porque ya va retrasado, a veces sin tomarle fotos siquiera. Y esa concepción nebulosa sobre a que hago hace que me caigan cosas peculiares como esta.
Colaboro desde hace unos meses con una amiga que fundó un albergue para perros y gatos, no me considero un animalista en el sentido modernillo de la palabra, en realidad soy una mala persona: como carne, uso cuero y demás partes de animales, me gustan las peleas de gallos y las corridas de toros, escucho heavy metal, adoro al Diablo y jamás le contesto a Dora la Exploradora etc. etc.
Yo me crie entre animales domésticos, hasta tuve una oveja como mascota de niño y ocupaba prácticamente el papel de un perro, gatos y perros en particular siempre tuve. Me encantan los animales pero la verdad fui bastante escéptico al principio cuando mi amiga me invitó a eso, incluso le dejé saber que la ayudaría en todo lo que pudiera pero que no deseaba tener menciones ni participar de forma pública. ¿Pero saben algo? resulta imposible no ablandarse aunque sea un poco una vez dentro.

En la entrada de hoy solo mencionaré un trabajo bastante poco común, de lo más curioso que me han pedido hacer: una silla de ruedas para perro, no daré grandes explicaciones de algo que ya está en la red, además mi método es bastante raro para este objeto. El término “silla de ruedas para perro” no me gusta del todo aunque cumple una función análoga, es más bien un carrito con el que un perro impedido puede desplazarse. La perra en cuestión se llama “Suerte” por razones inherentes a su llegada al refugio, una historia que no tocaré, baste saber que tiene la cadera y las patas traseras dislocadas, además es anciana, hasta tiene los ojos llenos de cataratas, pero su recuperación desde el estado en que fue encontrada ha sido sorprendente, ya está muy bien aunque con las patas atrofiadas. Por esto y viendo el precio de los carros que se consiguen en el mercado mi amiga me preguntó si podía hacerle un carrito para ayudarla a caminar, dije que sí sin pensarlo.
Adaptándome a mis primitivos y rudos medios opté por usar hierro fino unido con remaches, como no. Las ruedas las saqué de un camión de bomberos que me trajeron los Reyes Magos hace mucho, son muy fuertes y ligeras, sobre todo me gustó que el eje es un tubo de plástico macizo y grueso con el hueco bastante amplio y que atraviesa la rueda de lado a lado. Comencé a documentarme en internet para tener una idea de lo que se necesitaba, sobre todo sobre la antropometría de los perros y pude comprobar que hacer uno de estos es algo muy particular, supongo que único en cada caso. Lo digo porque Suerte no tiene las patas inútiles del todo, aunque su musculatura en estas es muy pobre conserva sensibilidad y movimiento, no son tan fuertes como para sostenerla y ni hablar de dar pasos pero puede usarlas para rascarse en forma torpe y hasta apoyarse en ellas e intentar caminar cuando uno la levanta metiendo la mano bajo su panza,  y se niega categóricamente a mantenerlas inmóviles o elevadas, por esto y porque ha progresado mucho decidimos que las ruedas debían carecer de eje entre ellas, a fin de dejar todo el espacio de en medio disponible para experimentar si podía ejercitar sus patas. Las partes en forma de S están unidas con un remache flojo por cual pivotan, así todo el arco tiene movimiento y capacidad de amortiguación, y con sus ruedotas es un verdadero todo terreno.


Entonces este carrito no es un apoyo total, más bien funge como sostén aportando estabilidad, soportando el peso de la parte anterior y permitiendo que use las cuatro patas, aunque claro que la casi toso el trabajo recae en las manos.


Tomar las medidas necesarias a y hacer la estructura fue muy fácil, el quebradero de cabeza fue el ajustar las correas hasta la configuración ideal para su cuerpo tanto para que sirviera como para que le resultara cómodo, haciendo pruebas y pruebas, usé carnaza o serraje y las correas de ajuste las saqué de una vieja mochila.


Hasta que eventualmente llegamos al mejor ajuste que pudimos, y funciona.

Como dije, Suerte ya es muy anciana y no podemos esperar que salga disparada sobre sus nuevas ruedas, pero de andar anda, hemos notado es que desconfía mucho de caminar porque apenas y puede ver, pero si alguien la guía tirando suavemente con una correa o caminado delante y hablándole lo hace muy pero que muy bien.
         ¡Woow Yo quiero uno igual!
Lo hice bastante rápido y es medio tosco y en las correas hasta se notan los ajustes aunque funciona muy bien, fue una buena experiencia, me divertí y ya tengo las cosas más claras por si alguna vez hago otro, hay varios pasos que haría de otra manera pero no dudaré en usar el mismo material pues es con lo que yo me manejo mejor y una estructura remachada así requiere de poco hierro, es bastante ligera y mucho más fuerte de lo necesario.
         A Veces hay que hacer escalas para reponer fuerzas.

 Y ya, pronto más armas.