11 de junio de 2015

Pipe Tomahawk.

Este es un objeto que me fascinaba desde hace muchos años y que quería desde mucho antes de tener idea de como agarrar un puto martillo. Un tío mío dejó en la casa unas cajas llenas de viejas revistas de historietas, sobre todo de un cómic llamado "El Libro Vaquero" del cual era asiduo lector, y luego yo me encontré con aquel tesoro siendo muy pequeño, de hecho yo aprendí a leer con esas historietas aún antes de ir al jardín de niños. Bueno, aquellas historias de aventuras y amor y crimen ofrecían una visión romántica, llena de tramas incongruentes y errores históricos sobre el viejo oeste y la vida en la frontera norteamericana, y....¡me encantaban!. Ese cómic se edita hasta el día de hoy y está bastante estigmatizado por ser popular entre la clase trabajadora, carga con una imagen de literatura basura, y ciertamente es de lo más inverosímil pero me gusta, como me gusta el cine clase B. Y no era del todo absurda -al menos en aquellos días-, recuerdo que al final de la revista había una sección de historia real sobre el oeste, a veces con pequeñas biografías de personajes importantes, costumbres de tribus indias etc. Allí fue donde supe de de la existencia del objeto de esta entrada, aparte de darme cierta conciencia sobre el transcurrir del tiempo y los cambios en el mismo, es decir, de la historia en mis primeros años.


Hace años hice un adorable tomahawk con una varilla de construcción, aunque si lo veo ahora tiene más errores que aciertos, por cierto que lo perdí en una mudanza y solo espero que hoy tenga un buen hogar. Hace poco también hice otros un poco más trabajados:



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Ya era momento de retomar el tema, decidí hacer una variante única del tomahawk: un tomahawk con pipa.

No tengo muy claro como se originó este objeto, sabemos bien que el tomahawk procede del hacha de abordaje (mirar la entrada al respecto del Amo del Castillo) introducida por los europeos en el este de lo que hoy es Estados Unidos entre los indios como objeto de trueque y presente en negociaciones.

En algún momento a alguien se le ocurrió combinar el hacha con una pipa para fumar tabaco (objeto que los nativos ya tenían) produciendo un objeto simbólico, curioso y como no, muy bonito. Básicamente en el lado opuesto de la hoja se encuentra una cazoleta para contener y quemar el tabaco, de está baja un delgado tiro conectado al mango del hacha que tiene practicado un cañon por toda su longitud, en el extremo opuesto a la cabeza se encuentra una boquilla donde el fumador posa los labios, así tenemos un artilugio que es tanto pipa como hacha.



Hace tiempo mi amigo AJ me obsequió un viejo pico roto (una cosa buena de que la gente sepa que haces cosas raras con metales es que empiezan a llevarte su chatarra). en esta imagen ya había cortado ambos picos del ojo y empecé a aplastar uno, el tomahawk salió del lado de la derecha.
Es acero al carbono, estoy seguro que 1045 o alguno muy cercano, es una delicia forjarlo, suave y diligente.                      
Perdí algunas fotos del proceso inicial de forja, lo cual es malo porque pensaba hacer varias anotaciones especificas sobre ciertos pasos, y una lástima por los malabares que tengo que hacer para tomarlas mientras trabajo, pero bueno, al fin y al cabo es un hacha y ya vendrán otras para explicarlo de mejor manera.
Corté el extremo del pico quedándome solo con un buen bloquecito de acero.


Abrí el ojo usando un cincel en caliente, comencé también a definir una cintura en uno de los lados, esta parte será la cazoleta de la pipa


Taladré un agujero en el extremo de lo que será la cazoleta calculando que su profundidad no alcance a llegar hasta el ojo.


Con un punzón gordo de sección redonda comienzo a expandir ese pequeño agujero. Tras algunos golpes me queda un orificio cónico mucho más ancho.


Con el mismo punzón empiezo a expandir el ojo que es solo una hendidura alargada hecha con el cincel.


Ya puedo comenzar a forjar la forma de la hoja y a expandir más el ojo y darle su forma final. La forja de una hacha puede traer ciertos problemas cuando no se cuenta con las herramientas adecuadas, afortunadamente puedo obrar milagros con un martillo, un punzón y un viejo bloque de motor.


Así tenemos ya una forma preliminar bastante tosca.


A pesar del rudimentario estilo de forja me gustó la forma que le di al ojo, una especie de exagono redondeado, sin embargo creo que me pasé de tamaño, es grande, como para un hacha de trabajo, he visto que los tomawhaks con pipa suelen tener ojos muy pequeños. También se aprecia lo gruesas y desiguales que son las paredes, se emprolijarán con desbaste.


Corté una tira en la parte inferior de la hoja para doblarla en caliente y hacer un adorno en forma de voluta, un detalle que he visto en ejemplos históricos, algo muy simple.


Después de usar un disco de desbaste con el esmeríl utilicé varías limas para empezar a perfilar la forma final.


Normalicé la hoja en la fragua para aliviar tensiones y aprovechar para doblar la voluta y desbastar más fácilmente.
Se me ocurrió calar un dibujo en la hoja, hice un diseño bastante simple de una tortuga basándome en ejemplos de arte indio, la pinté en la hoja con corrector líquido. También se ve que ya he doblado la voluta.


Ahora sigue taladrar el acero sobre las partes del dibujo que eliminaré.


Y a limar, tomo mi jueguito de limas de joyero y metiendolas por los agujeros busco eliminar el metal que haga falta para formar el diseño.


Mientras se escucha una buena ópera y se ignora lo que evidentemente son síntomas de túnel carpiano, se llega a terminar.


Luego con las limas grandes di los toques definitivos a la forma del hacha.


Por si no tenía suficiente de limar seguí haciéndole más cositas.


También hice el tiro de la cazoleta, taladrando el fondo de esta hasta unirlo con el ojo, por aquí irá conectada la cazoleta al hueco del cabo.


Hasta estas alturas me dispuse a templar, para este acero se usa agua, entonces templé introduciendo en agua tan solo el filo y....sobrevino el desastre.


Se me abrió una pequeña grieta en el filo, de eso no tomé fotos porque estaba ocupado maldiciendo la puta hora en que se me ocurrió templar -porque este trabajo podría perfectamente quedarse sin temple-, aunque puede parecer brusco esto de templar en agua, es algo común con este acero y algo que ya había hecho bien antes muchas veces, más que al temple mismo lo atribuyo a alguna fractura originada en el forjado....en fin. Después de las maldiciones y juramentos de rigor, me puse a ver si la hoja era salvable, la única alternativa era cortar la parte afectada, y con las operaciones necesarias para salvar su forma, quedóme esto:


Una hoja pequeñita, la verdad después de este punto perdió mucho de su encanto porque me gustaba mucho la proporción original. Una vez amolada la parte afectada la arrojé contra las paredes, golpeé el filo en piedras y más para asegurarme de que era estructuralmente estable, decidí darle una oportunidad y continuar.....

Tenía que arreglar la cazoleta,que después de tanta forja ya era todo menos redonda, utilicé una piedra cónica para el taladro y abundate agua:


Pulí con piedra de afilar lugo lija 120 y 220, para darle el acabado final recurría al truco más simple, pavonar con calor y aceite, en este caso aceite comestible, además en vista de lo acontecido un segundo revenido no le iba a hacer daño. Después de pavonado una frotadilla con pasta de pulir en un paño fino deja un acabado negro brillante muy bonito.


Es el momento de pensar en el cabo, compré un cabo para azadón en a ferretería, está hecho de encino. Con cuchillo y escofina empecé a rebajarlo y a introducir el hacha desde abajo, marcando hasta donde topa, rebajando más y haciéndola bajar más hasta que tenga una longitud adecuada. Ah, que descuido, se me olvidaba mencionar que el ojo del hacha por el interior tiene una forma ligeramente cónica con el lado ancho hacia arriba, precisamente para esto.


Como vamos tallando el cabo a imagen y semejanza del ojo del hacha inexorablemente llegamos a un punto donde se logra un ajuste perfecto, cortamos lo que sobra y ya tenemos cabo.


Si estuviera haciendo un hacha para trabajar o de guerra aquí habría terminado, pero esto trata sobre un hacha-pipa, entonces mi avezado lector se preguntará: ¿y como carajo va a hacer la perforación en el cabo?, son más de 40cm de madera.....

Pues yo tampoco lo sabía, estuve pensando y pensando, que si quemandola con un hierro al rojo, que si soldar una broca a una varilla de hierro...incluso la innoble opción de abrirlo en dos, tallar sendos canles en el interior y volver a unirlo.

Entonces entre risas malvadas decidí fabricarme mi propia broca de largo alcance. Enderecé lo mejor que pude un trozo de almbrón ligeramente más largo que el cabo, el alambrón es ese alambre grueso de hierro tan usado en la construcción.

Usando el esmeril desbasté en un extremo algo parecido a una broca:


Me siento poderoso blandiendo esta aberración en el taladro.


Es de hierro claro está, y el hierro es blando, pero sigue siendo más duro que la madera, así que con calma y cuidado se puede. Taladrar ese agujero fué toda una fiesta, con el cabo bien sujeto para evitar la aparición de un improvisado torno comencé a perforar.


Tuve que parar consantemente para limpiar la punta de mi broca de restos de madera carbonizada pues al carecer de hélices en toda su longitud no puede desalojar la viruta. Pero el dato importante sobre esta carencia hélices es que tampoco puede desalojar los gases, la broca además se va cubriendo de estos restos de madera quemada y crea un sello perfecto, entonces estos se acumulan alcanzando gran presión, tanta como para empujar el taladro hacia atrás, si se acumulan demasiado al sacar la broca puede brotar un chorro de gas mezcla de humo y vapor, calientes y a alta velocidad, con la capacidad de quemar al incauto armero.


Pero finalmente uno ve la luz al final del túnel.


Van terminando las cosas brutas y puedo empezar a concentrarme en los detalles, prosigamos con la boquilla, le eché el ojo a un pedazo de hueso de pata de res que tenía almacenado por allí.


Como he dicho antes, al trabajar hueso con herramientas eléctricas se produce un olor penetrante muy característico al que llamo "olor a dentista" por razones obvias, a mí no me desagrada y hasta me gusta, pero parece provocar mucha repulsión en la mayoría de los humanos, repulsión que pondrá a todos en contra de uno y casi les parecerá justificable la pena de lapidación. De todas las maneras que conozco y uso para irritar a la gente esta es posiblemente de las más poderosas. Cuidado.

Ya que estaba con un hueso, no resistí la tentación de hacer un pequeño scrimshaw -como lo expliqué en su momento- es un detalle extremadamente primitivo y simple, pero le da carácter, la misma tortuga de la hoja.


No conecté la boquilla directamente al cabo sino que los conecté con una pieza de mezquite que fabriqué, esta tiene talladas dos cajas para alojar vástagos tanto del cabo como de la boquilla.



Para pegarlas usé "Plastiacero", es una resina epoxica con agregado metálico con la que estoy encantado por su versatilidad, yo la uso para metal como se supone debe ser, pero para la madera también sirve prefecto.

Ya seca la resina, todo bien igualado, pulido y aceitado.


Terminado el cabo ya podemos montar la cabeza, la introduje desde abajo y al final la apreté apoyando el cabo en el suelo y bajándola a golpes usando un trozo de madera, una vez seguro de que  no sube más y está bien firme ya me puedo dar una idea del tomahawk terminado.


No hemos conectado la cazoleta al cabo todavía y no se puede fumar, así que prosigamos. Leí que históricamente estas hachas-pipa llevaban un trozo de cuero entre la cabeza y el cabo para asegurar el sellado de la conexión, como yo tallé el cabo muy justo y ya no quería meter cueros, recurrí a otra solución moderna.
Preparé un poco más de resina y la introduje por el tiro de la cazoleta hasta hacerla llegar a la madera llenando casi todo el tiro, utilicé ese clavo que tiene la punta cortada y plana para retacarla bien.


Estando seca la resina solo me quedó taladrar con una broca ligeramente más angosta que el tiro del acazoleta, travesando la resina junto con la madera hasta entroncar con el hueco del mango, de esta manera, toda la union entre ambas partes está ocupada por la resina y la conexión es el agujero que hay a través de ella, es inerte y resistente a altas temperaturas por tanto segura para fumar.

Para cubrir la parte superior del cabo corté una lámina de cobre de un tubo común y corriente.


 Recorté una pieza justa la forma superior del cabo, taladré un agujero para acceder al cañón, la fijé con varios clavitos y la ajusté a su forma a golpes, le dejé una terminación muy burda que me gusta mucho.


Ya solo me faltaba idear un tapón removible para la parte superior, pues el cañón del cabo debe quedar abierto para poder limpiarlo, estuve pensando un rato en hacerlo de hueso o madera pero se me ocurrió otra idea.

Nada como ir a ver que hay en las latas que tengo llenas de piececillas diversas que voy juntando para que algo se me ocurra. Escogí un tornillo ligeramente más grande que el diámetro del cañón y un casquillo de fusible eléctrico que está hecho de latón, Primero metí el tornillo forzándolo dentro del cañón para marcar la rosca en la madera y en el cobre de la entrada, luego corté el tornillo dejando un pedazo suficiente como alojarlo en el casquillo y que pueda entrar en el cañón un buen tramo.


Rellené el casquillo con plastiacero (ese producto es una puta maravilla) y embutí en está el tornillo, como se ve fabriqué una pequeña arandela de bronce que atraviesa el tonillo y encastra en el casquillo dandole un aspecto macizo y ocultando la resina.


Ya fraguada la resina le hice unas ranuras con lima para mejorar el agarre al girarlo e intentar perder un poco su aspecto de casquillo eléctrico.


Ya con eso queda un pipe tomahawk perfectamente funcional, para paliar algo su sobriedad se adereza con cuero, plumas, chinchetas, cuentitas......




Solo le hice una pequeña funda de vaqueta, cuatro piezas simples, pegadas y cosidas con cáñamo encerado y con unas tiras para ajustarla a la hoja y sostenerla. Ah, y con la consabida tortuga pirograbajda.
 

Aunque la cabeza esté templada y sea a prueba, esta no es un hacha de guerra, tampoco de trabajo; las obras necesarias para hacerla una pipa funcional le restan mucha fortaleza: tiene un hueco a lo largo de todo el cabo pero lo más sensible me parece es la conexión entre la cazoleta y el mango, que por más bien que se haga siempre es un punto frágil susceptible a sufrir desajustes y eso sin contar la boquilla. No es un combo dos en uno, son decididamente artículos de constitución delicada, no aptos para los rigores de la lucha o el trabajo, se trata de objetos ceremoniales y símbolos de estatus para aquellos que podían poseerlas, no hay más que ver las fotos de los jefes indios que sostienen orgullosos una en las manos. Más que un hacha me atrevería a decir que es una pipa que representa un hacha, pues la de pipa es la única función que realmente cumple bien.

El autor poniéndose bien loko.

Me gusta mucho pero no le tengo especial apego, hasta algo de aversión quizá por lo de la fisura, además yo no fumo. Soy un pésimo fumador, nunca pude tomarle gusto al cigarrillo y soy inmune a la mariguana, y no por mi sólida moralidad, al contrario, por más que la fumé nunca hizo más que aburrirme y dejarme la garganta y el hocico secos como rescoldos. Así que la venderé o la cambiaré por una botella de whisky, lo que pase primero.


28 de marzo de 2015

"Fuelle" japonés.

Últimamente he tenido muchas complicaciones con mi mal llamada fragua, sobre todo porque me falta temperatura para algunos procedimientos, cosas que incluso ya hice antes. Y conozco la razón: necesito más aire.

Soy un vago, no es necesario recalcarlo, por eso en todos estos años con EL INTENTO DE ARMERIA todas las cosas que he mostrado aquí y muchas otras que no, las he hecho solo con la ayuda de esto:

Un ventilador, o más bien lo que queda de él, eso es lo usé desde el primer día que empecé a jugar al herrero y jamás se me había ocurrido siquiera remplazarlo por algo mejor, no es ni de lejos lo más ortodoxo, pero durante estos años me di mis mañas con él, aprendí los paramentos de la forja, fundí metales e incluso llegue a caldear aceros..... hasta ahora que ya necesita su jubilación en forma urgente, y es que el pobre ya no es el mismo de antes.

A veces también hay que jugar al adulto responsable y tener trabajos y fechas de entrega...y para este juego mi viejo ventilador ya estorbaba más de lo que ayudaba, y me hacía prácticamente quemar carbón en vano, así que debí buscar una solución, algún otro artilugio para soplar aire en la fragua, algo que fuera muy fácil de conseguir o fabricar, eficiente y sobre todo lo más barato posible..........un sueño pues.

Pero descubrí que ese sueño existe.

Con esta misión me puse a buscar en los hediondos pantanos de mi mente y recordé que hace años mirando un documental sobre la katana, ese famoso sable japonés, me llamó la atención que el señor que forjaba una de esas hojas avivaba su fragua con una especie de caja de la que jalaba y empujaba un palo.


En aquel entonces busqué algo de información, pero no pasé de allí, ahora que la necesidad apremia decidí que podría hacerme un aparato de esos, al fin que no se necesita mucho más que madera -el precio del cuero me hacía prohibitivo construir un fuelle occidental, que además es un diseño más complejo y que requiere de más tiempo y cuidado-, así que busqué un poco más.

Sería en castellano incorrecto nombrarle "fuelle" porque básicamente es un cajón, aunque seguiremos nombrándole así por efectos prácticos y porque cumple la misma función. En inglés se le puede encontrar como "japanese box bellows". Su nombre original es "fuigo", curioso que se parezca tanto a "fuego" ¿no?


No necesité buscar mucho para comprender plenamente como está hecho y como funciona, es de lo más simple:

Está dividido en dos cámaras:  una grande a su vez con una separación móvil que a modo de pistón lleva a cabo todo el ciclo con su movimiento y otra más pequeña que colecta el aire y lo expulsa.
Comparándolo a un motor podríamos decir que tiene dos tiempos; expansión y compresión, el primero con admisión y el segundo con expulsión.



Como se ve en esos increíbles gráficos de la cámara mayor, está se divide en dos por el pistón, cada una de estas sub-cámaras tiene dos válvulas, un en la parte superior de admisión y una abajo para la expulsión hacia la cámara pequeña.

Así que puse manos a la obra con urgencia.
No compré nada de madera, simplemente rapiñé en la casa de mis padres, de hecho el tamaño de mi fuelle está determinado por el maximo provecho que le pude sacar a los trozos de triplay o contrachapado que pude agenciarme, quedó en 80cm de largo por 40 de altura y 37 de ancho para la cámara grade. salvo por unas piezas de la cámara pequeña y la tapa de la cámara grande que son más gruesas, todo es de media pulgada de espesor.


Es muy simple solo cortar, encolar, clavar...la carpintería más básica.


Con el cajón principal armado pasé a calar los orificios de las válvulas.


 El agujero para el pistón lo comencé con la broca más grande que tengo y luego con uno de esos accesorios de piedra de oxído de aluminio para el taladro, descubrí que desbasta fácilmente la madera y quedó con el tamaño perfecto para pasar un palo de escoba, que es lo que usé.


En esta imagen se puede ver la cámara mayor ya armada con todos los orificios para las válvulas y sus posiciones. Esas maderas horribles son las que usaré para la cámara pequeña.


Que queda mas o menos así:


Armé todas las piezas lo más justo que pude, las pegué y uní con clavos, pero por si las dudas sellé con silicón todas las juntas por dentro para evitar cualquier fuga.

Hay que hacer un orificio al centro de la cámara pequeña, este será por donde el fuelle expulsará el aire, lo hice igual que el del pistón. 


Sigue colocar las válvulas, utilicé unos retazos de vaquetilla de 3mm de muy buena calidad, inicialmente pensé en pegarles una pequeña lámina de madera para darles rigidez, pero cuando hice una prueba me pareció que con el cuero solo es más que suficiente. Hay que engrasarlo generosamente para protegerlo y para que flexione fácilmente.




La válvulas de admisión van puestas desde adentro para que puedan abrirse y succionar aire del exterior durante la expansión y se cierren en la compresión, las válvulas que van a la cámara pequeña se abren al interior de ésta, de este modo pueden abrirse durante la compresión para dar paso al aire desde la cámara grande y cerrarse en la expansión, alterándose según el momento que se encuentre su lado de la cámara grande de modo que cuando una se abra la otra se cierre, así el aparato sopla constantemente.


Queda hacer el pistón, es básicamente una pieza de madera solo un poco más pequeña que la medida interior de la cámara grande, yo la corté de  un retal de triplay de 7mm de grueso, como me pareció que necesitaba más peso y consistencia le clavé algo más de madera y le dejé un tornillo en el centro para recibir el palo, a parte de ir bien apretado esta fijado con resina epoxi.


Se necesita algo para cerrar lo mejor posible el espacio entre las paredes de la cámara y el pistón, lo que he visto que se usa tradicionalmente es alguna piel bien peluda, a falta de eso bueno es un pedazo de toalla. 


Para fijar definitivamente el palo al pistón hice alguna chapuza, pero quedo firme firme.


Esas dos piezas de madera clavadas de manera tan improvisada a la pared de la cámara son topes que determinan hasta donde puede llegar el pistón, esto es importante para que no interfiera con el funcionamiento de las válvulas de expulsión. 


Ahora ya podemos cerrar la cámara grande con la tapa, es una tabla que me encontré, la pegué y la fijé con clavos pequeños que apenas y entran en las paredes, así si necesito dar mantenimiento será fácil abrirla.

Como manija le puse provisionalmente una guarda de una espada que Ramón me pidió que le tuneara, como es una pieza de hierro fundido no es reutilizable en otra espada y no se puede esperar más de ella.

Y entonces ya tengo fuelle:


Es horrible, una de las cosas más desagradables que he malparido, pero lo hice todo en cuestión de horas por necesidad. Y estoy encantado.
Es mucho más eficiente de lo que jamás imaginé, me siento muy  tonto por no haber hecho algo así antes, realmente me impresiona todo el beneficio que ofrece este artilugio a cambio de unos materiales y un trabajo de fabricación tan simples. Así que niños que quieran jugar a ser herreros y no tengan demasiados recursos: háganse uno de estos desde ya, ahorrense problemas, frustraciones y sobre todo, tengan una herramienta que realmente les permita progresar.

Pero mejor verlo en acción:



Me encanta como trabaja, lo mejor es que por primera vez en mi carrera puedo insuflar aire desde abajo, no puedo creer de lo que me estaba perdiendo.
Las piedras que tiene encima son para darle más estabilidad porque al empujar o jalar lo arrastro completo y eso que pesa 21 kg y todavía sin que el pistón toque los topes, tan solo con la resistencia que ofrece el aire, es bien cierto que eso se reduciría con que las válvulas de expulsión fueran más grandes, pero así me gusta porque el forzamiento hace que aire salga con muy alta velocidad. También eso da idea de el esfuerzo que se requiere para operarlo, no porque sea demasiado pero es constante por tiempo prolongado, pronto tendré unos hombros y espalda espectaculares.

Quizá lo mejore estéticamente después, o mejor me haga uno más grande y mejor planeado, ahora estoy desesperado porque ya tengo con que darle aire a la fragua.... y está lloviendo.....por eso estoy escribiendo esta entrada.....ya...... parece que no llueve, me voy a trabajar.



9 de diciembre de 2014

Test angones.

Pésimo audio, pésima técnica, pésima cámara, pésimo vídeo.

Pero es imposible pasar la niñez y la adolescencia mirando documentales de armas medievales sin tener fantasías cuasi eróticas con hacer algo parecido.

Esto lo grabé hace ya meses cuando los angones eran nuevos, inicialmente pensé que lo repetiría haciéndolo todo mejor, darle algo de glamour y eso, luego estuve seguro de que lo editaría antes de subirlo, al menos para arreglarlo un poco, ahora que me volví realista sé que no pasará ninguna de estas cosas, así que para que no muera en el olvido de mi disco duro, va como va.

"Porobé" mis angones contra el escudo vikingo obeso porque ese día no tenía nada mejor que hacer. Y como a esta hora si tengo muchas mejores cosas que hacer, pues procrastino y lo subo. Como se recordará las puntas son de hierro y no están templadas, pero están endurecidas por picado, la verdad me sorprende lo mucho que aguantan y retienen el filo.


Las afilé primero a lima y luego con piedra, la grande tiene unas barbas especialmente aterradoras.


No hará falta mencionar que los angones en vuelo son una cosa de temer sobre todo si aciertan a alguien en partes blandas, partes que a los humanos nos sobran, sobre todo si estamos gordos. En fín, disfruten ustedes:

Los lanzamientos son malos, en otras ocasiones no filmadas logré que la punta del angón atravesara el escudo con un buen pedazo de asta incluido, aun cuando como repito en el video, el escudo no es histórico, es una bestia demasiado gruesa y pesada.
En la primera oportunidad el primer angón solo rozó el borde superior del escudo causando un corte en el cuero crudo, eso hubiera sido perfecto pues de habría metido en la garganta del tipo que sostenía el escudo, pero para efectos de esta prueba no funciona, después de ese roce se golpeó contra una piedra torciéndose un poco el asta, pero como se ve pude repararlo en un segundo, enderezándola contra el muslo. El segundo solo lo arrojé por arrojarlo pues el escudo estaba caído por el roce del primero.
En la segunda vuelta el primer angón, el de la punta grande, golpeó de lleno en el borde del umbo, 4mm de hierro nada más, así que apenas y dejó un rasguño, se dobló su asta de forma importante. De todos modos la actuación del de punta pequeña no estuvo nada mal, se clavó bien duro y a un escudo histórico o a un cuerpo humano lo habría pasado fácilmente.

Sepan que empiezo a tomarme en serio esto de la documentación en video, ya mostraré cosas más decentes en breve.


22 de noviembre de 2014

Gato gato ¿dónde estás?


No todo son armas, hay demasiadas cosas como para tener un respiro alguna vez.

Un libro para niños (sí, un libro) (sí, para niños) hecho en colaboración con mi amigo Pulga para un concurso que obviamente no ganamos. Sí, hago libros infantiles también, cosas más bizarras ha visto el mundo.

La historia está escrita a modo de poema con cada estrofa ilustrada, combinación de dibujos a mano y edición digital.


Trata sobre un gato que desaparece. Hablando de de desapariciones y de incertidumbre.


                    Leer Gato gato ¿dónde estás?   

7 de septiembre de 2014

Desfaciendo entuertos I, El Martillo de Guerra.

Una de las cosas que he aprendido es que cuando se trata de construir cosas, por más clara que este la idea, es muy probable que en la practica surjan detalles insospechados, pero muy importantes puesto que tienen que veer con el uso real de la cosa. Y las armas medievales no son la excepción. Por ello la conveniencia de que esa cosa quede mal ante uno mismo o ante un amigo que no tenga empacho en comprender la situación y regresarla a la linea de producción para corregir sus defectos.

Esto fue lo que ocurrió con el martillo de guerra que hice hace tiempo para mi amigo Ramón y que publiqué en su momento.



Bueno, no estaba tan mal y nadie perdió algún miembro por su mala fabricación tampoco, el engendro tenía dos detalles a saber:

*El puño era exageradamente grueso, no admitía manos más pequeñas que las del Gigante André.

*Con el uso (es imposible no jugar a golpear cosas con este bebé) la cabeza se aflojó un poco.

El detalle del mango fue una negligencia mía de la que no fui del todo consciente por entregar el arma a toda priesa, en aquella ocasión encordé el mango con un cordón demasiado grueso y encima lo cubrí con vaqueta bien gorda, además quedó con una sección casi redonda, algo pésimamente anatómico.

Lo de la cabeza no es novedad en realidad, como se recordará remaché el asta de fierro por encima del ojo de la cabeza. La "montura" del remachado del asta por sobre la cabeza fue más bien pequeña, sinceramente yo creí que serìa suficiente, pero ya he visto que no, además al ser de simple y blando fierro y, expuesto a golpes no es de extrañar que cediera un poco llegando a producirse un pequeño juego.

Después de muuuuuchooooo tiempo de que el martillo fuese un poco más que un adorno inútil por estos defectos, llegó el momento de ponerlo en condiciones.

Así fue como desempaqué el martillo que me hizo llegar Ramón junto con otras cosas necesitadas de tuning de las que ya iremos hablando:


Como se ve, intentando mejorar el agarre mi amigo eliminó el cuero y el cordón exponiendo solo la madera, con lo que él solucionó efectivamente el problema, aunque solo las dos mitades de madera pegadas serían algo débiles para usarlo rigurosamente, (claro que nadie va a ir a la guerra a perforar yelmos con esta cosa, pero hay que trabajar en él como si verdaderamente fuera a ocurrir) era menester reforzarlo y además había que mejorarlo estéticamente.

Lo más importante era arreglar bien la cabeza que presentaba un ligero bailoteo.
Cogí un martillo de bola pequeño y con paciencia, suavemente y en frío fui golpeando y deformando el remache de la parte superior hasta extenderlo y apretarlo mucho más y dejar la cabeza sólidamente fija:


Pero para estar completamente seguros de que no se moverá, tomé otra medida: un remache pasante. Taladré la cabeza del martillo asegurandome de pasar también por el asta atravesando todo el conjunto:



Por ese agujeríto pasé un clavo de acero muy muy apretado a golpes, cuando logré meterlo todo (no sin muchas maldiciones) corté el sobrante y lo remaché asegurándome de dejarlo bien apretado. Por si fuera poco todavía golpeé y apreté aún más el remache superior. Ahora si, esto no se afloja por nada:


Siguiendo con el agarre del martillo lo único que necesité fue rebajar más la madera para dejar espacio al nuevo encordado y al nuevo cuero.


Una vez rebajada lo suficiente la madera volví a encordar el puño, a plastificar el hilo con resina epoxi, en esta ocasiòn no encontrè la resina transparente que he usado siempre y comprè otra color negro con agregado de acero, que aparte de adherirse al endurecerse queda como un plàstico muy duro




Luego a cubrirlo con cuero -está vez más fino- fijado o con pegamento de contacto y apretado encordandòlo encima, teniendo esta vez una bonita y cómoda sección oval lo suficientemente fina como para que lo use una señorita.


Para rematar me puse artístico con mi juego de limas pequeñitas y adorné un poco la cabeza de armas, verse bien no está peleado con la la letalidad. Repulida y aceitada general y de regreso a tu hogar, criatura.


Y así puedo dar por terminado finalmente este trabajo después de tanto tiempo. Sobre todo aprendí cosas importantes para que trabajos futuros salgan bien pensados y no den dolores de cabeza a sus amos. El martillo está listo para regresar al estante de exhibición, con la plena confianza de que si el orden establecido y la tecnología colapsan sumiendo al mundo en la anarquía y en emocionantes combates cuerpo a cuerpo por las calles de nuestras ciudades, o si comienza el apocalipsís zombie, siempre estará listo para lo que sea y, con estilo.