25 de julio de 2018

Los orígenes del tomahawk.


Hola, mis muy estimados lectores. Si, ya sé que se me pasó un mes entero y casi otro sin publicar, pero soy un millenial repugnante poco serio y sin tolerancia a nada, así que una recaída era de esperarse, pero finalmente heme aquí. Aviso que el plato fuerte de ésta entrada es un vídeo que he subido a YouTube, pero como esto es un blog y no quiero salir a deshidratarme con el puto calor que hace voy a mantenerme al fresco de mi centenaria casa de adobe y escribiré un poco.

Seguiremos con el tema de las hachas, ahora nos alejamos de Escandinavia en un barco que nos deja en la costa oriental de Norteamérica, quizá en Canadá para internarnos en el continente siguiendo los Apalaches. Hoy tratamos sobre el origen del famoso tomahawk, un arma-herramienta que mis lectores habituales saben, me produce particular interés.

San Isaac Jogues y compañía a punto de entrar a la gloria cortesía de los mohawk, resulta curioso que les van a golpear las cabezas con sus hachas de revés, no querrán ensuciar demasiado, supongo.
Para los expedicionarios, colonos y especialmente para los comerciantes europeos las herramientas metálicas eran una moneda muy útil a la hora tratar con gente que vivía en un mundo de piedra, madera y hueso (hasta que decidían emplearlas contra ellos mismos), así los primeros tomahawk provienen de hachas de tipo vizcaíno, tanto de la zona vasca de Francia como de la española, importante centro metalúrgico del momento. Sobre todo los franceses comerciaban estas hachas con los indios desde el siglo XVI, pero también los ingleses obteniéndolas de la misma zona, y probablemente en mucha menor medida los españoles. Incluso los ingleses llegaron a llevar ese tipo de hachas a Australia donde terminaron en manos de los aborígenes. Por otro lado de los ingleses y holandeses y los mismos franceses los indígenas norteamericanos obtenían también hachas navales o de abordaje (ver la entrada al respecto del Amo del Castillo) que darían lugar a los más famosos  tomahawk con punta en la parte trasera, pero eso da para otra entrada. A quien le interese el tema recomiendo encomiablemente esta web, una verdadera mina de oro sobre el tema: 



Regresando a las hachas vizcaínas, se trata de hachas de diversos tamaños, desde muy pequeñas y estrechas como la que mostraré, muy adecuadas para llevarlas colgadas al cinto sin que su poco peso agobie, y además de herramienta para usarlas como armas aterradoras, hasta hachas muy grandes y robustas, de filos anchos para las más pesadas labores de tala. La característica más importante de estas hachas vascas es su perfil, pues el arranque de la hoja no ocupa toda la longitud del alto del ojo dando lugar a una especie de muesca triangular en la parte inferior, y el filo puede proyectarse hacia abajo superando el nivel del ojo, a veces incluso el lomo cae curvándose llegando en algunos casos, a tener una especie de joroba:




El ojo tiene una ligera forma de cono con la base en la parte superior, el cabo entra por arriba y se desliza hasta topar cerca de su propio extremo como en los picos, la forma sin lugar a dudas más segura de encabar un hacha, y también la más fácil pues bastaba labrar con un cuchillo o con la misma cabeza de hacha cualquier rama de madera dura hasta lograr el ajuste e introducirla, un detalle muy importante en un territorio donde las herramientas no estaban sobradas precisamente. Fue un diseño que llegó para quedarse: influenció a las futuras hachas de Canadá y los Estados Unidos y es el tipo de hacha predominante en Latinoamérica, debió ser el más favorecido por los españoles o probablemente el tipo más fácilmente disponible a la par que de mejor calidad a la hora de traerse una herramienta tan vital como el hacha a una vida nueva en un continente desconocido, y cuando empezaron a forjarse acá fue siguiendo esas mismas formas. Es el tipo de hacha que siempre he visto por aquí, tanto en ejemplos antiguos de herrero como en industriales viejas y nuevas, y la gente, la del medio rural que de verdad las usa, lo prefiere depreciando otras tipologías, yo creía que era solo costumbre pero no, la manera de trabajar va en consonancia con la forma de la herramienta.

Ahora bien, como decía al inicio esta entrada trata sobre un hacha que forjé a semejanza de las pequeñas hachas de comercio que originaron el tomahawk.  Mi hacha adolece de muchas de las características de las vizcaínas tradicionales, para empezar no la forjé como debió ser; con una pletina doblada en U y una pieza central de acero para el filo, sino que perforé el ojo en un bloque de hierro y soldé una pletina de acero para el filo, tampoco tiene ojo cónico y está encabada con cuñas, resolví la forma con corte y desbaste cuando debería ser puramente forjada….. En fin, pero al menos de lejos puede que de un aire a lo quería emular: algo por ejemplo como  una pequeña hacha vizcaína que cayó en manos de un indio de Los Grandes Lagos, quizá trocada a los comerciantes franceses por pieles de castor y que pasó en sus manos a ser una herramienta todoterreno y una temible arma a la hora de salir a buscar las piojosas cabelleras de sus enemigos. Entonces sin más les presento el vídeo (sí, es laaargo pero así de ambicioso soy con mi capacidad para atraer atención):


Y eso es todo, intentaré no volver a ausentarme tanto tiempo, y me voy porque tengo pendientes mas temas hachiles.


Saludos.